Atracos frustrados: Condiciones que deben darse dentro del marco jurídico

Evitar hechos violentos, y siniestros que puedan atentar contra la vida y bienes materiales de las personas, son los objetivos de toda compañía de seguridad. Sin embargo, cuando los hechos se presentan sin que exista posibilidad de evitarlos, los dispositivos de seguridad pueden trabajar en función de convertir estos hechos en atracos frustrados.

Por supuesto, es difícil conocer a ciencia cierta en qué momento se presentará un robo o un hecho violento dentro de una propiedad. Sin embargo, es posible estar preparados para abordarlo de la manera más efectiva, a través de un análisis de riesgo previo, donde se identifiquen los riesgos más probables y de mayor impacto, así como los controles y medidas que se pueden establecer para minimizar su probabilidad de materialización. Ese es otro de los objetivos de las empresas de seguridad.

Es importante aclarar la diferencia entre prevenir la comisión de un hurto o atraco y frustrarlo. Prevenir un atraco obedece a uno de los objetivos principales de toda empresa de seguridad y se logra través de la implementación de medidas, recomendaciones y protocolos previos a la materialización del delito.

Cuando se trata de un robo frustrado, hablamos de que la comisión del delito que fue interrumpida o no logró concretarse, a consecuencia, en la mayoría de los casos, de la eficaz acción de los dispositivos de seguridad y de la ejecución de medidas para la atención de la crisis.

Los atracos frustrados no solo evitan la pérdida importante de bienes materiales a la víctima, sino que también pueden ser de utilidad a la hora de establecer responsabilidades penales y proceder a la captura de los agresores.

 Sin embargo, hay una línea delgada entre frustrar un atraco exitosamente y frustrarlo generando consecuencias peores que el sólo hurto per sé. Cuando se frustra un atraco de forma incorrecta puede verse comprometida la vida de personas, incluyendo la vida del guarda de seguridad y la del mismo infractor, lo que acarrearía una serie de responsabilidades legales para la copropiedad, la empresa de seguridad, la víctima e incluso el mismo guarda de seguridad.

Por lo anterior, es muy importante tener procedimiento de reacción clara dentro de los cuales debe primar el apoyo con fuerza pública, a la cual la ley otorga la función de capturar, arrestar, someter e incluso utilizar la fuerza para contener la comisión de un delito.

Por supuesto, el objetivo de desplegar un dispositivo de seguridad privada en una propiedad es el de minimizar la posibilidad de robo. No obstante, frustrar este hecho vandálico es posible, cuando se siguen protocolos, y se cuenta con la excelente fusión entre la tecnología (equipos de seguridad) y la vigilancia humana.

Lo primero que hay considerar en este particular es que, para incluir estos hechos en la clasificación de robo, es necesario que el autor esté involucrado en acciones que vayan en contra de la ley o en detrimento de la persona o de sus bienes y que se cuenten con medios probatorios como flagrancia, videos, huellas u otro tipo de evidencias que den solidez a la denuncia y de esta forma el delincuente pueda ser procesado.

En consecuencia, todo acto que se realice deliberadamente, al margen o en claro irrespeto a los aspectos debidamente tipificados en las leyes vigentes, es un delito. Por eso, tenga mucho cuidado de los protocolos de reacción que utiliza porque “puede ser, peor el remedio que la enfermedad”

Hablemos de atracos frustrados

Se dice que los delitos frustrados son todos aquellos que, por diversos factores, no pudieron cumplirse. Son intentos de delito que no lograron alcanzar el objetivo final de él o de los infractores de la ley.

Los expertos explican que los atracos frustrados son delitos en los que el agente (quien practica técnicas para ejecutarlo) hizo todo lo posible por lograr la infracción de la ley, pero que, por motivos ajenos a su voluntad no logró su cometido.

El diccionario español jurídico de la Real Academia define los robos frustrados como hechos delictivos que no lograron concretarse.

“Forma perfecta de ejecución del delito que consiste en que, pese a realizarse todos los procesos que deberían producirse, el delito no logra consumarse. Hay delito frustrado cuando el culpable practica todos los actos de ejecución que deberían producir como resultado el delito, y sin embargo no lo producen, por causas independientes a la voluntad del agente”

Es decir que, para que existan robos frustrados o delitos no consumados, es indispensable que haya existido previamente un intento de producción del delito por parte de ejecutor.

Así, se considera que, cuando alguien ha realizado un conjunto de acciones, con el objetivo de cometer un delito, pero no llega a realizarlo porque circunstancias que no están en su voluntad se lo impiden, estamos en presencia de un delito frustrado.

seguridad en puertas

Elementos que conforman los robos frustrados

Es necesario destacar, en total apego a la Ley vigente en Colombia, que para que exista la acusación de la comisión de un delito, es indispensable que existan pruebas contundentes que vinculen al sujeto (agente) con el hecho por el cual está siendo acusado. 

Se requiere de dos elementos fundamentales para que un delito pueda considerarse frustrado:

robos frustrados

Que se haya hecho lo necesario para consumar el delito

Para hablar de robos en grado de frustración o cualquier otro delito que fue interrumpido o que no logró concretarse, es indispensable que se pueda comprobar que el “antisocial” hizo todo lo que estuvo en sus manos para consumar el delito.

En términos jurídicos, es necesario demostrar con pruebas que existió una planificación con intención y alevosía de un hecho, con el claro objetivo de concretarlo.

Esta normativa es taxativa al establecer que la persona debió realizar “todo lo necesario” para llegar a cometer un delito, y no solamente algunas acciones aisladas que podrían estar relacionadas con un acto delictivo.

Que exista un peligro real de un bien

Otro aspecto que debe considerarse es la existencia en el lugar del hecho de bienes que podrían ser considerados el objetivo del ejecutor. Aunque estos bienes materiales no hayan podido ser sustraídos, es indispensable comprobar que existió la intención de sustraerlos.

De esta manera, será indispensable que exista una afectación directa al bien jurídico, para hablar de un peligro real del bien, y por ende de atracos en Bogotá.

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